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Jueves - 23 de febrero 2017

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Ver foto 1Un documento de 1390 proporciona la primera información sobre la existencia de un templo bajo la protección de San Lázaro Obispo, cuya fundación debe relacionarse con la Reconquista.

El documento de referencia es una carta, fechada el día 28 de agosto de ese año de 1390 y firmado por Pedro García de Peñaranda, Alcalde Mayor de las Sacas, y dirigida al Concejo de Murcia, en la que informa del desembargo de unos mulos, tomados a un tal Juan Miguel, vecino de Orihuela, y advirtiendo que la ignorancia de las leyes no exime de su cumplimiento. Lo hace en estos términos:

“E lo que dezzides que un omne bueno, vezino de Orihuela, que llaman Juan Miguel, seyendo doliente, que fuera con su muger e con otra campaña a velar a Sant Lázaro de Alhama, e a la yda que pasó por la huerta de Murçia e que no entró y en la çibdat porque era de noche e, otrosí, por alcançar otra conpaña que yua delante, e que Ponce Saayrin, alcalle por mi esa çíbdat, que fuera ally do estauan las bestias e que las tomó”.

Salta a la vista la importancia de esta noticia. En el siglo XIV, el templo alhameño de San Lázaro Obispo, era centro de peregrinación por el carácter milagroso o curativo que se atribuía a su titular, debiendo por tanto de gozar de popularidad y teniendo personalidad propia. En definitiva, estaba organizado, pues el obispo D. Diego de Comontes, que lo fue de la diócesis entre los años 1447 y 1458, al explicar en el Fundameentum Ecclesiae Carthaginiensis de que forma se realizaba la partición de frutos y rentas decimales de todas las iglesias, al tratar de la parroquia alhameña, escribe:

”Por la misma manera de lo de Lebrilla, se facen tres tercios de la renta de Alhama, de los quales es el un tercio de los dichos señores obispo, y Cabildo; y el otro del Beneficio Curado, y Préstamo de allí. Y del otro tercio, fechas tres partes, son las dos de dicho Señor Rey, y una del Terçuelo de dicho lugar de Alhama”.

Ver foto 2Luego el obispado, controlaba y dirigía la economía parroquial, lo que llevaba implícito la toma de decisiones en aquellas cuestiones relacionadas con su mejora arquitectónica y artística.

Esa naturaleza medicinal la corrobora otro hecho mencionado en las actas concejiles murcianas. En un codicilo de 30 de octubre de 1479, una mujer llamada Catalina Martínez, viuda de Juan Martínez Leonardo, expone que en compañía de otra mujer llamada Campoy y por su devoción y agradecimiento a San Lázaro de Alhama, había encargado al pintor maestre Diego que hiciera un retablo para colocarlo en la iglesia, a cuyo efecto le había entregado doce varas de lienzo y cien maravedíes, y ordenaba que se abonaran los cuatrocientos restantes. La obra se concluyó en 1484 y el pintor no es otro que Diego Pérez, uno de los murcianos que en 1492 acompañaron a Colón en su primer viaje a las Indias.

A finales del siglo XV, la mayoría de los habitantes de Alhama eran cristianos y su población escasa, hecho que debió marcar las pautas tipológicas de la iglesia de San Lázaro Obispo, una construcción sencilla y de pobre aspecto, con nave única y dimensiones más que modestas, ubicada sobre los restos de alguna mezquita y formando parte de una estructura urbana centrípeta, que buscaba su apoyo y defensa en el castillo.

Sin embargo, ésta no debió ser la apariencia que mantuvo a lo largo del siglo XVI. Por ejemplo, en 1525 el Marqués de los Vélez, se manifiesta como el típico noble protector que interviene económicamente en la construcción, al conceder licencia para la venta de las hierbas de Torreblanca (Totana), a favor de la fábrica de la iglesia. Es una muestra por dotar al edificio de un protagonismo mayor al ejercido hasta entonces. A su vez, van apareciendo artistas que satisfacen la demanda del momento, quizás atraídos por una presumible necesidad de ellos. En concreto, coincidiendo con el auge económico, hubo un período de florecimiento en el terreno de la escultura, que se mostró dominando el primer plano de la actividad artística por su mayor capacidad para expresar los sentimientos religiosos y espirituales de la gente, al tiempo que sirvió para potenciar la renovación del templo. En 1574, los hermanos Ayala, autores del retablo mayor de la iglesia de Santiago en Jumilla y Alonso de Monreal “hacen un nuevo concierto para presentar sus dibujos y precios a los retablos de Alhama y Caravaca” y a finales de siglo, encontramos a pintores como Jerónimo de la Lanza “en colaboración estrecha con el entallador Diego de Nava o Navas, haciendo una Santa Lucía de escultura y un retablo para Alhama”.

Ver foto 3Son intentos por dotar al templo de una dignificación y dimensión urbanística mayores.

De la lectura de los libros de cuentas de fábrica se desprende que las obras se desarrollaron con lentitud y que el templo fue proyectado siguiendo un modelo rectangular, de larga tradición en la Región de Murcia, que permitiera cambios sencillos y ampliaciones futuras poco costosas. Los obispos fueron los encargados de dirigir y supervisar cualquier actividad a través de visitadores, cuya misión consistía en inspeccionar el ritmo de las construcciones, exigir al fabriquero el cumplimiento material de las observaciones practicadas y a la vez, potenciar el culto. En 1673, por ejemplo, advierten que se debe a la parroquia más de 23.000 maravedíes por misas testamentales y exigen al colector ponga a los morosos “en la tablilla de los descomulgados y no los quite de ella asta tganto que le conste legítimamente que an pagado”(del Libro de Cuentas de Fábrica, Archivo Parroquial de San Lázaro), a la vez que mandan deshacer una cruz procesional de plata por resultar pesada y realizar otra más mediana, pudiendo disponer del metal sobrante para lo que más conviniese (Libro de Fábrica). En 1675, se pagan 1.050 reales al platero, Gaspar López (posible artista ligado a la comarca ya que en 1679 se sabe que estaba trabajando en Lorca), por la nueva cruz, un incensario y una naveta, quedando sesenta y una onzas en poder de dicho orfebre para hacer unos candeleros (Libro de Fábrica).

La Diócesis, con el obispo a la cabeza, demostró a partir de la centuria del seiscientos, una gran capacidad de trabajo y organización. Al insistir en la potenciación de las parroquias, se vió obligada a vigilar y controlar su funcionamiento, especialmente en lo que respecta a la ampliación y a la decencia de los templos. Por esa razón, el último tercio del siglo XVII, fue de una intensa actividad arquitectónica.

Las cuentas de la fábrica de San Lázaro recogen un ritmo casi continuo de controles del gasto y reparaciones, solo interrumpidos por intervalos de escasa significación, que puede que respondan a los momentos en que se tasaba la obra realizada antes de un nuevo contrato. A partir de 1683 y hasta 1700, los trabajos de construcción realizados se limitaron a sobreañadir nuevos elementos y a labores secundarias propias de toda manutención. Los libros parroquiales no solo evidencian el grado de vejez material y los continuos gastos que originaban las reparaciones, sino también los niveles de riqueza de la fábrica y de secularización del templo, ejemplarizado fundamentalmente por la existencia de capillas privadas que servían de panteón a las familias más pudientes. Sin embargo, los recursos debieron ser pocos.

No obstante, hay un salto hacia adelante a finales de ese siglo, provocado por el incremento demográfico y los buenos tiempos que corren para la economía. Los frutos que percibe la parroquia aumentan considerablemente y, en consecuencia, las partidas que componen el descargo de lo recibido, suben también.

Esto explica las particulares condiciones de recuperación que experimenta Alhama nada más comenzar el siglo XVIII y los sensibles cambios de orientación en el proceso constructivo del templo, especialmente en lo que atañe a su alzado y a su cierta riqueza ornamental.

Al tiempo que se gastan considerables sumas de dinero en reparos y en nuevos ornamentos para el mantenimiento del culto, se acomete en 1701 la construcción del crucero y la capilla mayor nueva. El responsable de esta primera fase de transformación edilicia será el maestro alarife Pascual Ventura, encargado de los trabajos de acondicionamiento e inicio de la nueva obra, para lo que fue necesario comprar una casa y un solar que estaba a la cabecera de la iglesia. A partir de este momento los trabajos no se detuvieron y en ese mismo año se abrieron los cimientos y se labraron los pedestales de los pilares del crucero. Del mismo modo, la fábrica paga al maestro de cantería Cristóbal Martínez, 1.500 reales “ por quenta de la piedra labrada que está puesta en la obra de la dicha capilla mayor”.

Ver foto 4La idea de utilizar materiales que diesen una mayor fuerza y permanencia, así como los cambios que se van operando en las proporciones, donde la cúpula genera un volumen ascensional que se contradice radicalmente con el de las partes bajas del edificio, explica la intervención directa de algún técnico más experimentado en este tipo de cuestiones, que bien pudo ser Bartolomé de la Cruz Valdés, maestro de obras del obispado, aunque su labor como director y supervisor del ritmo y calidad material de las obras no se recoge documentalmente antes de 1709. Coincidiendo con él y trabajando como maestro de cantería encontramos a un tal Toribio Martínez, quien cobra 880 reales por “aver sacado cuarenta y seis cargos de piedra y aver labrado siete hiladas de cantería”. El primero estará al pie de obra al menos hasta 1718 y del segundo, no hay más noticias después de 1711, cuando la fábrica le vuelve a pagar otros 5.035 reales por su labor.

Mientras se desarrollaban las obras, el culto se trasladó a la ermita de la Concepción. La pequeñez de sus dimensiones y los inconvenientes que trajo consigo para congregar a la totalidad de los fieles en cualquier acto litúrgico, provocó la reacción del visitador quien en 1718, animó a todas las fuerzas vivas del municipio a la movilización y nombramiento de dos comisarios, con el firme propósito de apelar al obispo y al cabildo de la catedral de Murcia “para que ayuden con porción competente de los diezmos que en esta villa tiene y perziben para persecución de dha obra(por estar) reduzido el pueblo a una corta hermita donde no cave la quartta parte de la gentte”, al objeto de precipitar la finalización de las obras. Pero el obispado debió desentenderse del asunto, ya que un año después se recurrió a la solicitud de un préstamo (“censo redimible”) al Real Fisco de la Inquisición de Murcia, concediendo al fin 8.000 reales con un interés del tres por ciento.

Esta primera fase de reformas debió ser materializada hacia 1722, pues ese año el pintor totanero Silvestre Martínez Teruel recibe 240 r. “por el costo delas quatro colunas que mantienen la media naranja dela Capilla mayor”. También el escultor Higinio Quintana cobra 260 r. por el florón de la cúpula y el carpintero Lázaro Alcón, natural de Totana, percibe otros 250 r. por hacer el púlpito.

Sobrepuesta a los grandes desembolsos de dinero de los primeros veinticinco años del siglo, la iglesia de San Lázaro inicia a partir del segundo tercio la última etapa de su reconstrucción. El ritmo de los trabajos entró en un proceso de aceleración que empezó con la construcción de una nueva sacristía entre 1728 y 1730; cinco años después, el maestro alarife Francisco García, levanta una pared nueva en el altar mayor, en sustitución de otra que amenazaba ruina, para albergar el retablo; y en 1741, el tallista Francisco Naviera Capilla ejecuta “la obra de talla que en el tiempo de estas cuentas a echo en las cornisas de dicha iglesia”, de donde se deduce que la nave estaba recien levantada. A otro artista, Antonio de Mula, se le pagan 415 reales por el florón del presbiterio. Y ese mismo año, Juan de Uzeta realiza una pieza modesta para el altar de Ntra. Señora de los Dolores, y se finaliza la torre, con la construcción del chapitel y colocación de la bola y la cruz.

Ver foto 5En síntesis, el proyecto final fué fruto de sucesivas aportaciones arquitectónicas y se configuró del siguiente modo: estableciendo una fusión del esquema de planta centralizada con otro de planta longitudinal, es decir, mediante una cabecera que en tres de sus lados sigue el perfil de cruz griega, más el largo apéndice de la nave sumado a uno de sus brazos. Todo se ciñe al tipo de planta jesuítica, consistente en una sola nave cubierta con una bóveda de cañón con lunetos; crucero sobre el que se alza una cúpula sobre pechinas; capillas laterales unidas entre sí mediante reducidos arcos de medio punto; y, testero plano. En el alzado, las capillas están separadas por tramos murales articulados por pilastras, que, sostienen visualmente la cornisa de imposta de la bóveda. Curiosamente, las pilastras tienen dos capiteles superpuestos, uno, de orden toscano y otro, decorado con cardinas, a modo de hojas de acanto y organizadas en doble fila. Una decoración de rocallas en la bóveda pone el único acento ornamental.

Al igual que otras muchas iglesias dieciochescas de la región, la de San Lázaro Obispo de Alhama de Murcia, se caracteriza al exterior por el empleo masivo del ladrillo y entrepaños de mampostería.

La iglesia de San Lázaro Obispo fue completamente restaurada en los últimos años del pasado siglo XX. Se consagró nuevamente en el año 2000, luciendo espléndida en la actualidad.

Una vez que usted haya visto el impresionante exterior de esta iglesia, admirado la belleza de su fachada principal o el original y grandioso exterior de la Capilla de la Comunión, debe pasar a su interior y deleitarse con la vista de su impresionante crucero o ver la capilla de la Comunión, donde recibe culto la Patrona de la localidad, la Santísima Virgen del Rosario, debe entrar a la Sacristía, que es uno de los más hermosos interiores del neoclásico murciano, cuyo diseño arquitectónico fue realizado por el arquitecto Lorenzo Alonso y supervisado por la Comisión de Arquitectura de la Real Academia de San Fernando.

En la sacristía también se puede admirar un ARMARIO ALTAR, que posiblemente date del siglo XVI o XVII y que procede de la antigua ermita de San Agustín (la primera iglesia de la que se tiene conocimiento que existió en Alhama).

Se pueden ver los LIBROS DE BAUTISMOS, cuyo número 1 comprende los años 1556-1572, y que lógicamente tiene la primera inscripción de nacimiento en la Iglesia de San Lázaro Obispo.

Igualmente están expuestos bancos y reclinatorios de los primeros años del siglo XX.

Sin salir de la sacristía pueden contemplar:

EL NIÑO DE LA BOLA, talla del siglo XVIII, en madera policromada y que es la representación de la piedad barroca en torno al Niño Jesús.(Esta imagen se encuentra estos días en el Altar Mayor).

CUSTODIA DE PLATA, repujada, realizada por Antonio Grau en el siglo XVIII. La custodia está concebida como una monumental columna coronada por la estatua de la Fe, llevando en una mano la Cruz y en la otra el Sol de la Custodia.

Corona de plata repujada con sobredorado en oro de la Patrona de Alhama de Murcia la Virgen del Rosario, donada en el año 1942 por don Lorenzo Rubio.

Igualmente se puede ver otra corona de las mismas características para el Niño de la Virgen del Rosario.

Imagen policromada de la Virgen de los Desamparados, realizada en el taller valenciano de los Font; una cabeza de imagen policromada de la Virgen perteneciente al antiguo retablo del Altar Mayor, que bien podría ser del escultor Roque López.

Como curiosidad les diremos que en la sacristía están expuestas fotografías de todos los sacerdotes de esta parroquia durante los siglos XIX y XX.

De regreso a las naves del templo, es obligatorio detenerse en el Altar Mayor y admirar la imagen del Patrón de Alhama, San Lázaro Obispo, una obra del escultor Lozano Roca, de 2,25 metros, y que en el año 1945 fue donada por don Andrés Ferre Soto.

A la derecha del Altar Mayor, está la capilla de la Virgen del Carmen, con retablo y mesa de escayola y una imagen de la Virgen del Carmen de 1,60 metros, adquirida en el año 1940.

Junto al altar de la Virgen del Carmen se encuentra el del Sagrado Corazón de Jesús. Las pinturas del camarín del Corazón de Jesús están realizadas por el que fue alcalde de Alhama de Murcia, Constantino López Méndez. La imagen, una preciosa talla de madera policromada de dos metros, fue realizada por el escultor murciano Sánchez Lozano en el año 1952. Como curiosidad les diremos que fué donada por doña Isabel Cerón, y su precio osciló alrededor de las 17.000 pesetas.

Continuando el recorrido por las naves de la Iglesia de San Lázaro Obispo de Alhama de Murcia, nos encontramos con la capilla de San Antonio. En ella se puede admirar un retablo, que posiblemente sea el original que luce desde los primeros años de la iglesia. En este retablo reciben culto tres imágenes: las de San Antonio de Padua, el Arcángel San Rafael y la Virgen de la Candelaria. Son las tres del mismo tamaño, miden 1.60 m. cada una de ellas. Como otras imágenes que alberga el templo, son donaciones que en distintas épocas se han ido haciendo.

Junto a la capilla de San Antonio se encuentra la de la Virgen de los Dolores, perteneciente a la Hermandad de su nombre, Paso Negro. En ella se encuentra la titular de la misma, una imagen de La Dolorosa, talla de vestir del escultor Sánchez Lozano, adquirida por la Hermandad en el año 1949.

La mesa-altar y el retablo de madera de la capilla son obra del escultor de Nonduermas, Lorente y se construyó en el año 1967.

En las capillas laterales vemos las imágenes de San Francisco de Asís y la Virgen del Perpetuo Socorro.

Frente a la capilla de los Dolores, está la de Nuestro Padre Jesús Nazareno. Es su propietaria la Archicofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, recibiendo en la misma culto durante todo el año, el titular de la misma, Jesús Nazareno, una de las mejores obras de Lozano Roca, realizada en el año 1947. Es imagen de vestir. El retablo de la capilla se hizo a principios de los años 50.

La cofradía de San Juan Evangelista también tiene capilla en la iglesia de San Lázaro Obispo. En la misma están al culto una de las imágenes más veneradas de Alhama, la del Cristo del Rescate o de Medinaceli, obra también del escultor murciano Lozano Roca, al igual que las del titular de la cofradía, San Juan Evangelista y la Virgen de la Esperanza. Son estas tres imágenes de las llamadas de vestir. El retablo de esta capilla se inauguró en el año 2003, sustituyendo al anterior de mármol que tenía la cofradía.

La capilla de la Virgen de las Angustias alberga una preciosa imagen, tallada en madera por el escultor granadino, López Prado. Fue donada a la iglesia por el alhameño, David López Cerón, en recuerdo de su esposa, en el año 1957.

La capilla tiene una mesa–altar, retablo y sagrario, todo ello de madera dorada, realizados también por el escultor, López Prado. Como nota curiosa les diremos que costó unas ciento cincuenta mil pesetas.

Otra capilla es la de la Purísima Concepción, junto al Altar Mayor y también junto a la de la Comunión.

La imagen de la Inmaculada es una magnífica talla de madera, de 1,70 metros, que lleva seis angelitos en la peana, obra del escultor Sánchez Lozano, y adquirida por la Asociación de Hijas de María en el año 1944. La mesa-altar y el retablo son de escayola sin pintar.

En la Capilla de la Comunión, de la que ya se habla en otros momentos de la descripción de la construcción de la Iglesia de San Lázaro, recibe culto la Patrona de Alhama de Murcia, la Virgen del Rosario. Es una soberbia talla de la Virgen que lleva al Niño en brazos. Es imagen de vestir. La Virgen del Rosario es una talla de madera y tiene una altura de 1,80 metros. La realizó a principio de los años 40 el escultor madrileño José Capuz, y fue costeada por el alhameño Lorenzo Rubio, residente en Cuba, desde donde envió un tronco de madera de cedro, para que Capuz realizara la talla de la Patrona de Alhama de Murcia.

En la capilla de la Comunión o del Rosario, encontramos un artístico retablo de madera dorado, con un lienzo de la Cena en la parte central superior, como final del mismo; hay otro lienzo que representa la Resurrección de Lázaro en la parte lateral izquierda, y otro de la Conversión del agua en vino en las Bodas de Canáa de Galilea, en el lateral derecho. Fueron realizados por la firma, Domingo y Llopis, de Valencia y colocados en los días anteriores a la Navidad de 1960. Su precio fue de 189.900 pesetas. En el mismo retablo están incluidos el Tabernáculo, con la imagen del Señor, de Juan de Juanes, y la mesa–altar, en cuyo frontal vemos alegorías a San Lázaro y a la Virgen del Rosario, Patrones de la Villa de Alhama de Murcia.

Muy cerca de la Capilla de la Comunión, se encuentra la de la Virgen de Fátima, con retablo de escayola blanca y una imagen de la Virgen de Fátima, donada también al templo a finales de los años cuarenta, con motivo de la peregrinación que la Virgen de Fátima hizo desde Portugal a España.

Frente a la capilla de la Virgen de Fátima se halla la del Patriarca San José con capilla e imagen de parecidas características a la anterior.

En la iglesia de San Lázaro Obispo recibe también culto la Virgen de la Soledad. Es esta una de las capillas más antiguas de este templo y que a lo largo de los siglos ha sufrido diversas modificaciones. En la actualidad la ocupa una imagen de la Virgen de esta advocación, obra atribuida al escultor de Espinardo, José Planes, del año 1942, en un retablo de Lorente de principios de los años sesenta.(1)


(1) Textos resumidos del libro que sobre Alhama de Murcia editó el Excelentísimo Ayuntamiento de Alhama de Murcia, la Consejería de Cultura de la Comunidad Autónoma de la Región y Cajamurcia.

Pertenece a la colección “Murcia Recupera”, y de sus textos, obra de varios autores, se encargó la Fundación “Centro de Estudios Históricos e Investigaciones de la Región de Murcia.

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